domingo, 27 de julio de 2008

Día 14: Puede ser

¿Puede ser que uno de los temas de 'La broma infinita' sea la libertad de elección, que en realidad es tan limitada que prácticamente es sólo una ilusión? Puede ser. No creo que sea sólo que yo he leído demasiado teatro del absurdo últimamente y estoy viendo lo que quiero ver. Los niños de la Academia Enfield tienen ante si dos posibilidades cuando acabe su estancia: 1) Intentar entrar en el circuito profesional, vacunarse y hacer giras en torneos secundarios por países del tercer mundo esperando escalar en el ránking, o bien 2) Abandonar el tenis como salida profesional y limitarse al tenis universitario. Las dos opciones son igual de nefastas para el orgullo y no depende de ellos mismos poder elegir. Del mismo modo, todas las rutinas y los horarios cuadriculados de la Academia poco espacio les dejan para la libertad de elección. Incluso lo que es una rebeldía, drogarse, tampoco lo eligen: es la única válvula de escape que tienen.

Los adictos de la Ennet House por supuesto tampoco son libres: primero están esclavizados por la sustancia y si logran superar su adicción serán esclavos de la filosofía llena de lugares comunes de los Alcoholicos Anónimos. Y las rutinas y los horarios de la Ennet House son tan estrictos como los de la Academia Enfield. En realidad no eligen nada. Como mucho eligen la sustancia a la que se hacen adictos. Y ninguno de nosotros elige el entretenimiento al que nos dedicamos.

Somos seres pasivos que aceptamos lo que nos echen. Por esto cuando algún personaje se encuentra con el samizdat, la famosa película que rodó James Incandenza y que supuestamente proporciona un placer tan grande que uno muere extasiado, nadie se puede resistir a ella, la ven y la vuelven a ver, y mueren felices, anestesiados, engañados creyendo que han utilizado su libertad de elección. Es por esto que el radical quebequés en silla de ruedas nos insta a que nos saltemos las normas y de verdad elijamos algo, no la persona de la que nos enamoramos, ni el entretenimiento al que nos enganchamos, ni la sustancia a la que nos hacemos adictos, porque esto en realidad no es elegir: las opciones son demasiado limitadas como para que se considere una verdadera elección. Sin embargo dudo mucho de que ningún personaje de esta novela pueda llegar a elegir realmente algo. Todos no pueden hacer nada más que dejarse llevar.

Y fijaos como sutilmente ya he relacionado adicción a las drogas y entretenimiento. ¿Puede ser este parecido otro tema clave del libro? Puede ser.

2 comentarios:

Maravilloso Desgarro dijo...

“Y ninguno de nosotros elige el entretenimiento al que nos dedicamos.”

Y cómo que no? Acaso no vengo yo a entretenerme acá? Ah? Ah?...


Ahora estoy confundida y de verdad lo último que deseaba era entrarle a un conflicto existencial…

.. “las opciones son demasiado limitadas como para que se considere una verdadera elección.”

Damn

es verdad no hay otro blog como este.

...ahora estoy picada!

Núria dijo...

¿Era Foucault quien decía que incluso los actos de rebeldía no son actos de rebeldía, porque incluso estos actos de rebeldía están previstos dentro de los límites de la sociedad, no? Quiero decir que incluso los actos de rebeldía son opciones (limitadas) que nos ponen de antemano delante de las narices para que las elijamos creyendo que las elegimos libremente, pero en realidad estamos precondicionados. O algo así.

Pero si algo me ha enseñado el teatro del absurdo es que aunque no tengamos libertad de elección, esto no quiere decir que no nos lo podamos pasar bien ;)